Shû-Ha-Ri (sumisión-ruptura-alejamiento)

Shû-Ha-Ri (sumisión-ruptura-alejamiento)

Uno de los conceptos centrales en el Budo es el ciclo natural del aprendizaje, la práctica y la maestría.
Luego de mas de 25 años de vínculo con el aikido, he observado como la falta de entendimiento a nivel básico, por no decir desconocimiento, por ambas partes sensei-seito del concepto shu-ha-ri, genera innumerables problemas en la relación personal, un dojo o en una organización.
Larga sería la lista de situaciones, sin embargo no es mi propósito evidenciar o cuestionar conductas; hablando de sinceridad y coherencia, cada practicante o instructor tiene su labor de autoreflexión.
Apelo  a la explicación dada en el texto, La Vía del bastón, de Pascal Krieger Sensei, con la traducción al español de Guillermo Vargas (Chile)
Creo oportuno mencionar, que debe ser leído guardando las proporciones, ya que presenta una visión tradicional, no es lo mismo aprender y practicar como discípulo de un maestro que practicar unas cuantas horas a la semana o lo menos posible por nuestras circunstancias de vida.
Shû-Ha-Ri
Estado Shû
Quien desea aprender busca alguien quien lo inicie en el arte. Cuando lo encuentra, acepta libremente someterse a las leyes del acuerdo y dada su absoluta ignorancia, coloca su confianza en su instructor. Desde el inicio, muestra gran deferencia y se somete a realizar tareas que en ocasiones no parecen tener relación con lo que pretende aprender. Rápidamente se percata de que su materia de aprendizaje no se limita simplemente a lo requerido por el arte. El instructor quiere ver las cosas hechas de una cierta manera y en un cierto estado de mente definido. Antiguamente, el instructor era escogido por el padre del aprendiz, entendiéndose que la continuación de la educación del joven estaba cargo del profesor. En raros casos esto es aun así.
En Budô, este primer estado se denomina Shû (proteger, someter). El joven Guiôsha escoge un maestro o, más usualmente, es escogido por él. Desde entonces el estudiante acatará sin reservas los principios de la tradición. Sin embargo los aspectos educacionales serán más prolongados que los técnicos. Las múltiples tareas que se le solicitará en ocasiones no parecerán tener relación con las Artes Marciales, sin embargo, es su estado mental dedicado a estas labores lo que enfatizará el maestro. Más aun, se espera de él que “guarde” el conocimiento técnico que adquiere declinando absolutamente cualquier forma de interpretación personal y aplicando las técnicas con la más rigurosa precisión. El aprendiz desarrollará progresivamente las cualidades de Jûnanshin que hemos discutido previamente.
En el Budô, este primer estado puede durar entre tres y cinco años. Luego de este periodo el aprendiz tendrá una sólida base en el arte, pero no tendrá aún ninguna experiencia práctica.
Estado Ha
El aprendiz es ahora un técnico calificado y deberá vivir sus propias experiencias. El maestro le pedirá que marche a practicar lo aprendido en otros lugares y conocer otros maestros que lo juzgaran. Ha permanecido fiel en espíritu a su maestro y se percata de que es -de alguna manera- su representante en el mundo. Después de aumentar y enriquecer su conocimiento en cantidad, adquirirá gran confianza en sí mismo y desarrollará su propia técnica. Tendrá –finalmente- su propia idea del arte que está practicando. Esta etapa puedes durar diez a veinte años, tal vez más.
Estado Ri
Este estado es la consecuencia natural de los dos primeros. El Shûgyôsha puede retornar a su maestro y ser su asistente o sucederlo como cabeza del Ryû, pero más a menudo, dadas sus experiencias personales querrá hacer lo propio, creando un estilo personal basado en sus propias ideas. Es posible que el antiguo pupilo haya sobrepasado al maestro, al menos en el aspecto técnico. Si fuera éste el caso, el maestro sacará algunas lecciones de aquello y se sentirá satisfecho y orgulloso de haber sido el punto de partida de aquella vocación.
En ese momento, ya siendo un maestro en sí mismo, el pupilo dejará de tener obligaciones para con su maestro, si bien mantendrá el debido respeto y gratitud hacia quien le proporcionó bases sólidas para construir su propio estilo. Ya no debe responder a nadie, sino a sí mismo.
Conclusión
 La progresión natural expresada en el concepto Shû-Ha-Ri se encuentra en las más diferentes esferas, desde lo insignificante a lo global. El niño que aprende a cortar leña mirando a su padre copiará sus movimientos; luego de algunos días cuando el padre reconozca avances suficientes, el niño será dejado solo. En los próximos días el niño hará sus propios descubrimientos intentando varios métodos, incluso sufriendo accidentes. Luego de algunos meses habrá aprendido la habilidad y cortará la leña a su modo. En un sentido más global un niño está en un estado Shû hasta la adolescencia; lo que sus padres le dicen, es la verdad que conoce; obedece. En la adolescencia entra en el estado Ha; rompiendo moldes, hace su propia experiencia fuera del núcleo familiar. Las diferentes ideas y nuevas influencias que lo atraen están a menudo en oposición con lo que aprendió. Entonces de pronto, se convierte en padre de familia; su estilo de vida es -en general- diferente del de sus padres. Ya está en el estado Ri y puede ocuparse del estado Shû de sus propios hijos.
Cuando alguien quiere “quemar etapas” se crean inmediatamente problemas que se agregan a los ya abundantes de cada etapa.
Un dicho japonés respecto del concepto Seishin Tanren (forjar un espíritu puro), ilustra bien lo anteriormente expresado:
“En el Budô, toma mil días aprender (la técnica), diez mil días pulirla; la diferencia entre la victoria y la derrota es sólo fracciones de segundos”
Tomará no menos de unos 33 años para que el concepto de Estado Ri pueda entenderse, solo entonces será posible transmitir un conocimiento rico y global.
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