Budo y educación. Una aproximación contemporánea.

Budo y educación. Una aproximación contemporánea.

Desde hace unos años y sobre todo actualmente, cuando mencionamos las palabras arte marcial, viene a la mente de la persona una amplia gama de actividades, quizá a alguien le resulten familiares expresiones  de China, Japón, Corea e incluso otras populares en USA, Israel o Tailandia.

Un segmento de practicantes en el mundo y en nuestro país se interesa en las expresiones japonesas, atraídos por las cualidades y características del personaje histórico del Japón, la figura del Samurái y la gama de disciplinas que se desarrollaron respecto de él, tanto para su entrenamiento marcial como su formación personal e incluso espiritual.

Creo que es útil notar que el mismo Japón ha tenido cambios radicales durante periodos, respecto a lo que da sentido al Camino del guerrero. Siendo los más notorios los del periodo Heian, Edo y la restauración Meiji.

Fue el proceso natural de rescatar y mantener vivas las tradiciones marciales, que luego de la restauración Meiji emerge una generación de personajes que apoyan la transición del Bujutsu y el Bugei hacia el concepto genérico Budo, con la educación como su objetivo principal.  Es aquí que Maestros como  Jigoro Kano Sensei, Nakayama Hakudo Sensei, Morihei Ueshiba Sensei, Takaji Shimizu Sensei, entre otros más no menos relevantes, desarrollan expresiones para acercar la práctica de una manera abierta no solo hacia el japonés común, sino también hacia occidente.

Para los practicantes no japoneses se vuelve útil la distinción por ejemplo entre Bujutsu (técnicas marciales), bugei (artes marciales) y Budo (camino marcial). Actualmente la mayoría de los practicantes entrenamos una vertiente moderna de Budo (gendaibudo), algunos prefieren una expresión más tradicional (koryu o Kobudo) y otros practican expresiones de ambos.

Entre las expresiones de Budo modernas, resulta fútil detenerse a identificar una mejor expresión de ellas. Quizá algunos se sientan atraídos por las que exaltan un arma (kendo, iaido, naginata, kyudo, jukendo) o bien, la técnica de manos libres (aikido, judo).  Sin embargo no resulta trivial explorar a unos 100 años de popularizarse este concepto como va cumpliendo su función social y formativa.

Creo que no es difícil identificar algunas de las funciones que los practicantes actuales le estamos dando al Budo que practicamos. Algunos se centran en su potencial uso en el entrenamiento de personas de seguridad, algunos se centran en su función de desarrollo personal, algunos en una función deportiva y de salud, todas ellas útiles.

Una persona puede decir,  te sugiero entrenar un Budo para aprender a defenderte, y podemos darle cierta razón, cómo negar el acoso y el bullying. Sin embargo reflexionemos ¿por qué una persona comete acoso o bullying? Seguramente encontraremos muchos casos en los que es evidente la falta de educación. Podemos entrenar Budo con fines de salud, ¿cómo negar la gran lucha contra la obesidad y enfermedades como la diabetes? Igualmente encontraremos muchos casos en los que la ausencia de educación sobre nutrición y los hábitos alimenticios son la causa.  Más delicado aún, podemos entrenar Budo para enfrentar problemas como el estrés e intolerancia a la frustración ¿y por qué ocurren éstos? Nuevamente encontraremos muchos casos en los que la educación de nuestra mente ni siquiera es una idea que ronde en nuestras cabezas.

Creo que dentro de la misma capacidad de adaptación que ha tenido el entrenamiento marcial a través del tiempo, debe tener la capacidad de adaptarse a los desafíos modernos.

Estos desafíos surgen de nuestro progreso tecnológico, las exigencias laborales, el deterioro de la salud, la búsqueda de sentido de la vida, la violencia, el cambio entre generaciones, los fenómenos sociales y naturales que estamos viviendo. Y tenemos que recurrir a esa función principal del Budo: Educación.

Centrémonos en el concepto educación. Entendiendo ésta tanto desde su perspectiva formativa escolar, como desde la formación (principalmente en el seno familiar y social) que da sentido al conjunto de valores y modelos mentales del individuo desde su infancia, hasta la edad que actualmente tenga, a través de sus aprendizajes y experiencia.

Desde mi perspectiva, esta  educación que inicia desde padres y madres mostrando el sentido de lo correcto y lo incorrecto, el sentido de límites, de responsabilidades y derechos, cultivando una gama de valores que le den sentido  de pertenencia a la persona, en general entender qué significan medios correctos de vida – y sobre todo el valor de la vida – ; sumado al entrenamiento de la mente y el cuerpo, el sentido de mejora continua (auto perfeccionamiento), una conducta ética  y ulteriormente a la comprensión de nuestra interdependencia, es totalmente congruente con la finalidad educativa moderna que un Budo debe tener.

Si dejamos a un lado las discusiones sobre si practicamos un kobudo o un gendaibudo, es tiempo de entender cómo podemos contribuir a la educación, como ser extensiones (no correctores) de la formación del ser humano,  es aquí donde estará el mayor impacto y aportación social.

¿Cómo ser extensiones de la labor formativa-educativa del ser humano a través del Budo en esta época?  La respuesta siempre ha estado ahí,  ayudar al entendimiento de los potenciales del individuo, su capacidad de cambio  y sobre todo de su interdependencia.

 

M en Ing Genaro Luis Cervantes

Director del Programa MX Asia Budokan: Escuela de Budo

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